Capítulo 12: Perder el tiempo en las redes sociales

Por María Ripoll Cera.
Ilustración: Cárlos López Sánchez, dinamizador digital multimedia.
— Oye, ¿tú tienes problemas con la conexión? —pregunta Óscar a Marc—. Este ordenador que me habéis adjudicado… ¡no me deja acceder a facebook!
— Pues todo funciona bajo el férreo control de Francisco. Tendrás que preguntarle a él —le informa Marc mientras se ríe por lo bajo.
— ¿Y eso es tan gracioso? —se extraña Óscar
— No, jua, jua, jua —explota Marc—. Algún día tendrás que pasar por ello—. Marc se protege las tripas de su ataque de risa. Óscar mira a los demás en busca de una explicación, pero están cada uno a la suya. Así que se levanta y se mete en el zulo de Francisco.
Francisco le mira agresivo y le avisa de que la próxima vez llame antes de entrar.
— Perdona, tío, no sabía que pudiera interrumpir algo —se sorprende Óscar, que se queda en el umbral, sin atreverse a avanzar un paso.
— Veo que no sabes nada de informática —replica Francisco, semienfadado—. Tendré que darte algunas clases.
— No, tranqui, no seré yo el que me meta en esas cosas. Para eso estáis los tecnólogos —a Francisco se le salen los ojos de las órbitas—. Yo venía porque no puedo entrar en facebook.
Francisco se toma su buen momento para decirle lo que le tiene que decir.
— Ya veo, Óscar, que nadie te ha informado. En esta empresa está prohibido perder el tiempo en las redes sociales.
— Ja, ja, ja, me esperaba una inocentada pero reconozco que me ha descolocado. ¡Por eso se reía Marc! —a Óscar le encanta la broma, pero Francisco no da ninguna muestra de estar pasándolo bien. Permanece un momento inexpresivo y vuelve a concentrarse en su ordenador. Óscar cree ver la cara de Marc a través del cristal ahumado.
— O sea, era una broma —Óscar empieza a notar que algo no encaja— ¿no? Ya puedes habilitármelo.
— Con estas cosas no se bromea —afirma Francisco.
— Ok, lo que quieras, pero necesito ese acceso —el tono de Óscar ya no es jocoso.
— Tendrás que hablar con Celia —cierra Francisco la conversación y se pone a trabajar.
Óscar escapa del zulo a toda prisa, apremiado por la sensación de incomodidad que ha empezado a sentir hace unos minutos, pero a tiempo de escuchar a sus espaldas: “Si hubiera sido María…”. Marc le mira desde su mesa de trabajo y le pregunta: “¿Qué, ya has solucionado tu problema?”. Óscar lo mira con cara de pocos amigos, provocando una nueva carcajada de Marc.
Se acerca entonces a Berto, quizás sea más colaborador que Marc, acerca su silla y se sienta a su lado.
— ¿No es en serio, no? Eso de que no podéis meteros en las redes sociales.
Berto se lo mira perplejo.
— ¿No lo dirás en serio? ¿Y para qué queremos meternos en esas gilipolleces? No sabes la discusión que hubo aquí cuando abrimos el twitter. Y total, para que sólo twittee la dire!
Óscar empieza a pensar que es un equipo compinchado. O que se ha equivocado de medio a medio aceptando este trabajo. Dios mío, ¿cómo sobreviven con esta actitud?
— ¿Puedo ir a ver a Celia? —aprovecha para preguntar a Berto.
— No, no te lo recomiendo —le niega Berto, con mala mirada—. No la molestes con míseras reclamaciones.
Óscar se levanta electrificado de la silla. “Ya veo, piensa, sobreviven a golpe de mala leche”. Mira a Mariana por si de allí viene una ayuda inesperada, pero ésta se limita a darle el repaso. Por cierto, ¡qué pañuelo en la cabeza lleva esa chica! ¡Todo de telarañas!
Decide irse a la cocina a pasar con café tamaño primer día de trabajo, llamar a Pablo, su “mánager”, que le enseñó todo desde la Escola d’Oficis y preguntarle qué hacer ante esta situación. Pero Celia se le adelanta.
Entra en el estudio, con el abrigo puesto, mirándolo radiante, y le pregunta: “¿vamos?”. Óscar se vuelve hacia ese equipo de trabajo que ni levanta la cabeza cuando llega su jefa. Quien, por otro lado, no les ha dirigido la palabra. Evidentemente, se refiere a él.
— Perdona, Celia, a lo mejor he olvidado algo. ¿Habíamos quedado?
Celia baja la sonrisa de golpe.
— Hoy es el e-commretail, ¿lo sabes, no? —Celia tamborilea sus uñas sobre su nuevo Loewe rosa.
— Sí, sí, claro. No sabía que teníamos entradas.
— ¿Entradas? Como si hicieran falta —se escandaliza Celia, que empieza a mirarlo con resquemor. Permanece un momento en posición dubitativa y finalmente se endereza, le señala con el móvil en la mano y le pregunta: —Al grano, ¿tienes contactos, no?
Ahora sí tienen todos la cabeza bien alta, aunque igual de mudos. Hasta Francisco asoma desde el zulo.
— ¿Co… contactos? —“definitivamente, me están gastando una broma”, piensa Óscar, “esto no puede ir en serio” — Eh, sí… supongo.
— Pues vamos a explotarlos. Para eso te hemos contratado… eres un experto social.
…
— ¡…Media, experto en social media! Celia, eso es pasarse casi todo el día en el ordenador —le explica Óscar al comprender que la directora no ha acabado de entender su trabajo.
Celia junta sus pies, frunce el ceño y exclama:
—Pues menuda gilipollez, ¿y qué tiene eso de social?
— Todo, Celia —Óscar pasa a su tono pedagógico—. ¿Tú sabes cuántos de tus amigos pasan tiempo en Internet? Pues ahí estoy yo para contactar con ellos y recordarles que somos muy buenos —“que no me caiga un rayo por lo que acabo de decir”, piensa Óscar, “¿pero de qué come esta gente?”.
Celia no sabe cómo tomarse tal comentario, agarra su bolso y se va.
Marc se levanta y se acerca a Óscar, sonriente.
— Muy buena, muy buena, una alegría que estés aquí con nosotros. Estoy seguro de que vamos a hacer cosas buenas.
— No sé cómo —le recuerda Óscar—, sin conexión.
— Eso tiene fácil arreglo —le anima Marc—. Tráete tu portátil.
Francisco se acerca en ese momento a Óscar. “Vaya”, piensa éste, “por fin se va a acabar esta pesadilla”.
— Oye —le dice Francisco en voz baja—, ¿no tendrás el teléfono de la otra candidata, de María?
¿Quién enseña en las empresas a utilizar con provecho las redes sociales?












Me a encantado el capitulo de este mes la verdad que las redes sociales enganchan bastante.
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