Capítulo 2: La agencia al desnudo

Por María Ripoll Cera.
Ilustración: Miguel.
– ¿A quién le toca hoy el blog? –pregunto asqueada, porque no quiero ver como no me oyen. Llega del zulo el ay, mamasita corrompido de Francisco–. Mariana –le levanto la cabeza del cuentahílos con el que analiza la roña de sus uñas–, ¿y tu necesidad plástica de comunicarte con el prójimo?
– Pues claro, ahí no más, pero se decanta más bien hacia otros derroteros… Además, yo ya luché con el theme para el blog.
– ¡Ni hablar, que fue Mario Dehter! Si no hubiera sido por su ayuda… –me giro hacia el resto–. ¿A quién le toca pues? –Comienzo a levantar la voz–. El doc-agenda del blog es antiguo, ¿no quedamos en actualizarlo cada semana?
bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
– ¿A quién nombramos responsable del doc-agenda? –¡A mí! –contesta rápido Marc–. ¿Y entonces? –quiero saber–. Ah, es que el responsable de agenda no me dijo nada–. Aggggggggggg.
– Da igual –corta Berto–. Traigo un encargo más allá.
Ahora sí levantan todos las cabezas. Enmudece el zulo. Me empiezo a imaginar de dónde viene y se me hinchan las narices.
Berto se estira hacia atrás en la silla con los brazos cruzados detrás de la cabeza y nos mira triunfante, pero la silla es de Ikea, cede el respaldo y ganamos todos una perspectiva interesante. A Marc se le alegra el día.
– Llegó la hora de renovarnos –revela Berto, con expresión de fastidio: se le estropeó la fiesta. La sonrisa de Marc cae tan rápida como vino.
¿Es posible autorrenovarse?
– ¿Hasta dónde, renovarnos? –quiero saber.
– Esta mañana temprano Celia ha confirmado lo que hace días viene dejando caer: que somos unos zoquetes desfasados y que ya podemos hacer que esta agencia parezca algo si queremos conservar nuestros puestos –explica Berto.
– O sea, que ayer estuvo en otro de sus eventos y hoy hemos de ser … ¿qué? ¿3.0? ¿BarAgencia?…
– No, el encargo viene ya de lejos, ya lo sabes, y no digas que no le falta razón. Hoy ha sido la confirmación oficial.
– ¡Pero si mis copys para la agencia son del año pasado! –protesta Marc.
– Marc, fue el estrés lo que nos llevó a aceptar “El nido de la idea” como tagline –a Berto se le escapa su malévolo duende.
Berto se levanta, se estira el tiro de la pernera, nos rodea con un par de vueltas, como si calibrara nuestros cuerpos, se planta delante de mí y afirma, tajante:
– Tienes razón. Es hora de tomarse en serio el blog. Y lo que hacemos. Nos hemos dejado llevar por el trabajo, los clientes y porque estamos hartos de vernos. Pero ahí fuera está ocurriendo una revolución por la que nos tendría que dar vergüenza llamarnos comunicadores, hoy.
Mariana se lo mira de reojo, diciéndole con un gesto que no está de acuerdo: no sabemos todavía la gran creativa que es. Marc me mira, a ver de qué pie caigo. Pero yo estoy fascinada, ah, ¡la renovación va a llegar muy adentro!
– Estoy hablando –continúa Berto– de reaprender a comunicarnos, volver a nacer como quien dice, ¡olvidémonos de todo lo que hemos dicho de nosotros! ¿seremos capaces?
– ¡Sí hombre! –asoma la cabeza de Francisco desde el zulo– y volver a hacerlo todo. Tecnológicamente esto va a tardar muchos meses, os aviso.
Mariana empieza a captar el reto: –¿quién no es capaz?, basta con imaginarse de otra forma.
– No –recojo la idea de Berto–. Es parar y fijarse en cómo se comunica la gente, qué necesidades hay detrás, qué le gusta, qué hay de placer y qué de imprescindible…
– Lo dicho –nos recuerda Berto–: desnudarnos. Y eso va a ser exactamente la nueva imagen de la empresa: todos nosotros desnudos. Por cierto, Mariana, qué buen cuerpo.
Francisco sale como una exhalación y desaparece tras un portazo ofendido.
Comunicadores: ¿se puede reaprenderlo todo y cambiar el propio discurso?












[...] en función de las variables que determinemos. Berto se inclina con la silla hacia atrás, esta vez sin alejarse mucho de la mesa, y [...]
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